EL ÁNGEL DORMIDO

Notas al programa

¿Qué mejor que brillantes sonoridades para despertar de un letargo? Sé que rompo el hechizo o la sorpresa que podría haber sido a aquellos que lean estas líneas antes del concierto, pero me gusta imaginar El ángel dormido como una metáfora de tantísimos instrumentos que nos miran, en silencio, desde el siglo XVIII, muchos de ellos incluso ya restaurados. Están listos para cantar, pero todavía faltan manos que los activen de manera habitual. El compositor, Luis Pedro Bráviz, nunca se refirió explícitamente a ello en su génesis, pero sí le dedicó otras muchas miradas al pasado:

«Concebida para ser interpretada tanto en un órgano grande como en uno bien modesto, la pieza constituye un claro ejemplo de las variadas posibilidades técnicas y tímbricas que ofrece el órgano barroco ibérico, expresión máxima del ingenio de nuestros organeros patrios: tañer seguido, tañer partido a los tiples, tañer partido a los bajos, esto es, diferentes recursos enmarcados por la sonoridad de los flautados, los nasartes, los juegos solistas, lengüetería, de adorno, ecos y contraecos… En ella pone de manifiesto los affetti que recorren el transcurso de una vida con recurrencia a diversos temas gregorianos: Alegría —Puer natus est nobis—, Desesperación —O mors—, Llanto —Stabat mater dolorosa—, Esperanza —Victimae paschali laudes—.»

En el otro extremo, las breves piezas de Van Eyck (carillonista ciego y compositor de Utrecht) y Gabrieli (organista de San Marcos de Venecia) nos trasladan a la sencillez instrumental y la música desligada de cualquier referencia a la religión. Den Nachtegael (el ruiseñor) proviene de El jardín de las delicias, la colección más grande jamás publicada para un instrumento de viento solo y refleja el gusto por la imitación de la naturaleza. Sí, original para una flauta, pero ¿qué no es el órgano sino cientos o miles de flautas? El trasiego de músicas entre instrumentos de viento y el órgano era más que habitual en la época. Así, el organista y compositor Girolamo Diruta transcribe en su tratado Il Transilvania varias piezas originales para conjunto de instrumentos, como es el caso de la Canzona La Spiritata de Gabrieli, que por otra parte nos sumerge en el gran universo musical del siglo XVII: el de las canciones y la danza. En esta misma línea, la pieza probablemente más conmovora de William Byrd, Pavan Lachrymae, no es sino una adaptación de Lachrymae o Flow my tears de John Dowland –el laudista inglés que retrató como nadie la melancolía– de quien se conmemora el 400 aniversario de su fallecimiento.

Todavía un poco más atrás en el tiempo, allá por el siglo XVI, la imprenta no era algo accesible a los círculos lejanos al entorno real. La música, sin más aspavientos, servía para acompañar cantos litúrgicos, a menudo en pequeños órganos portativos o realejos. Órganos pequeños que sin embargo relataban con fuerza las grandezas de la fe o acompañaban musicalmente los regios viajes europeos, como lo hacía Antonio de Cabezón con Felipe II. En aquellas visitas, el famoso ciego burgalés tuvo ocasión de conocer la música de los grandes polifonistas flamencos: las canciones populares que estos hicieran famosas verán su versión instrumental en la España del siglo XVI, gracias a Cabezón o maestros de otros instrumentos como el vihuelista Luys de Narváez. La transcripción glosada de Mille Regretz, del maestro Josquin des Prez, revela la sencillez magistral con la que la polifonía podía transmitir tristeza y belleza, razón quizás que la convirtió en la canción preferida de Carlos V, la canción del emperador.

Más allá de la música litúrgica, danzas, canciones e imitación de la naturaleza componen un rico muestrario musical cuyo virtuosismo recaía a menudo en la glosa o variación de un material relativamente simple… hasta la llegada de Francisco Correa de Arauxo: clérigo y organista en El Salvador de Sevilla y –tras un accidentado periplo nacional de oposiciones– en la catedral de Segovia, en 1626 publica en Alcalá de Henares su Libro de tientos y discursos de música práctica, y theórica de órgano, intitulado Facultad orgánica…, todo un monumento sonoro con 69 tientos (del cual se celebra su 400 aniversario). No sólo fue el único libro de música de tecla publicado en España en el siglo XVII, sino que en él Correa eleva el tiento a la forma instrumental de tecla por antonomasia y, con su lenguaje absolutamente personal y avanzado, aparece en España la música para órgano en abstracto. Su lenguaje armónico, plagado de fuertes disonancias, es tan atrevido que en la partitura includes pequeñas manos dibujadas señalando ciertos puntos para dar a entender que no son errores.

Mientras tanto, aquellos pequeños instrumentos han ido evolucionando y ampliando el número de registros e incluso de teclados, y regentan desde lo alto, en lugares estratégicos, iglesias y catedrales. Otro tiento, en este caso del darocense Pablo Bruna, será el que nos invite –desde lo alto de la Colegial de Santa María de los Corporales– a pasar del lleno del órgano al registro partido. La fama de Bruna –¡también ciego, como van Eyck y Antonio de Cabezón!– atraía las visitas reales en su paso por la floreciente villa de Daroca, que disponía de varios instrumentos con las últimas novedades características ya del órgano ibérico: el medio registro y la trompetería en batalla, con sus potentes clarines y bajoncillos, ofrecían sonoridades como las que definen el Tiento de mano derecha y al medio a 2 tiples.

La grandeza que había alcanzado el órgano y la capacidad de transmitir, tanto por sus exuberantes cajas como por la música que de ellas salía, el poder de la fe, lo convirtió en carta de presentación: el órgano de una gran institución tenía que estar al día, bien cuidado y al tanto de todas las novedades técnicas y estilísticas del momento. Nuestros organeros desarrollaron ingenios únicos que se desvinculaban de la tipología del Barroco europeo del paso al siglo XVIII, en sonoridad, en tamaño, en número de teclados, en sus pequeños pedaleros con pocas notas y pedales cortos o en forma de botones. Pero no por ello se hace imposible disfrutar de la música de los grandes maestros europeos en estos instrumentos: lo haremos con las variaciones sobre La Follia del gran compositor de ópera Alessandro Scarlatti y también con el estilo fantástico y las fugas contrastantes del preludio BWV 163 de Dietrich Buxtehude –el gran organista y compositor germano-danés que tanto influiría en nombres posteriores como G. F. Haendel o J. S. Bach–. El ángel despierta…

Programa
El Ángel Dormido

Luis Pedro Bráviz (1971)
El ángel dormido, para órgano barroco español (2005)

Jacob van Eyck (1590-1657)
Den Nachtegael (Der Fluyten Lust-Hof, 1646-1649)

Giovanni Gabrieli (1562-1621)
Canzona La Spiritata C. 186 (Canzoni per sonare con ogni sorte di stromenti, 1608 / Tablatura de Il Transilvano de Girolamo Diruta)

John Dowland (1563-1626)
Pavan Lachrymae BK54 (arr. William Byrd)

Francisco Correa de Arauxo (1583-1654)
Tiento y discurso de segundo tono (Facultad orgánica, Alcalá de Henares, 1626)

Antonio de Cabezón (1510-1566)
Duviensela

Josquin des Prez (1450-1521) / Luys de Narváez (ca. 1500- ca. 1550)
Mille regretz

Pablo Bruna (1611-1679)
Tiento de mano derecha y al medio a 2 tiples

A. Scarlatti (1660-1725)
Variazioni sulla Follia di Spagna

Dietrich Buxtehude (1637-1707)
Praeludium en sol menor BuxWV 163

Anónimo (Biblioteca Nacional de Portugal, Lisboa, s. XVIII) 
Sonata en Do

 

Silvia Márquez Chulilla

Especialista en teclados históricos, Silvia Márquez Chulilla es una de las intérpretes más versátiles y activas del momento, sea al clave, al órgano o al fortepiano. Nacida en Zaragoza, obtuvo el Primer Premio en el Concurso Permanente de Juventudes Musicales 1996 en las especialidades de Clave y Órgano, premio al que suceden diversos reconocimientos nacionales e internacionales, como el Premio Especial del Jurado a la mejor interpretación históricamente informada y Mención de Honor en el Concurso Internacional «Primavera de Praga» 1999 o la Mención de Honor en el Concurso Internacional de Clave de Brujas (Bélgica) 2001. Fue miembro de la Orquesta Barroca de la Unión Europea 2001.

A sus conciertos dentro y fuera de nuestras fronteras se suma su actividad como directora del grupo de música antigua La Tempestad, fundado en el año 2000, labor por la cual recibió el Premio a la mejor Dirección en los Premios GEMA 2014 y 2017. La Tempestad obtuvo el Premio al mejor Grupo Clasicismo en los I Premios GEMA (revalidado en 2018) y fue galardonada con el Circuito Festclásica Música Antigua 2016, así como en los IV Premios de la Música de la Región de Murcia (2020).

Ha ofrecido numerosos recitales en España, Francia, Alemania, Irlanda, Suiza, Holanda, Italia, Croacia, Andorra, Austria, Eslovaquia, Portugal, Bolivia, Panamá, etc., y es regularmente invitada a formar parte de diversos jurados. Ha actuado como solista con la Orquesta y Coro RTVE, Orquesta Ciudad de Granada, Orquesta Sinfónica de la Región de Murcia, Solistas de la OBS, Grupo Enigma-Orquesta de Cámara del Auditorio de Zaragoza, Kammerorchester Hannover, etc. Ha dirigido la Orquesta Ciudad de Granada, Orquesta de Extremadura, Bilbao Orkestra Sinfonikoa en programas camerísticos y repertorios barrocos, y colaborado con otras muchas, como la Orquesta Sinfónica de Galicia, Orquesta Sinfónica de Castilla y León, Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias, Orquestra de Cadaqués, etc. En el terreno de la música antigua ha colaborado con numerosos grupos especialistas, fue miembro de la Orquesta Barroca de la Unión Europea y lo es de la Orquestra Barroca Casa da Música (Oporto). Todo ello le ha permitido trabajar bajo la dirección de músicos como Fabio Biondi, Lars Ulrik Mortensen, Alfredo Bernardini, Andrew Manze, Edward Higginbottom, Ton Koopman, Laurence Cummings, Andreas Staier, Pablo González, Víctor Pablo Pérez, Christoph König y un largo etcétera.

Junto a La Tempestad destacan sus registros discográficos en torno al Clasicismo –sinfonías de Haydn y Mozart en formato de cámara– o a la recuperación de patrimonio ibérico: Iberian Harpsichord Concertos, Scarlatti: Venezia 1742 y Brunetti & Lidón. At the Spanish Royal Chamber (IBS Classical); como solista, su disco Chaconnerie (IBS 2018) constituye un apasionante y poco habitual recorrido por las chaconas para clave desde el siglo XVI hasta nuestros días.

En su actividad al órgano destaca el proyecto Iberian Organ Drops (cuyo objetivo es dar visibilidad al patrimonio organológico ibérico) y el dúo formado con el flautista de pan Matthijs Koene, que aúna música antigua con el estreno de nuevas composiciones.

Silvia Márquez se formó en su ciudad natal con el maestro José Luis González Uriol y más tarde, becada por el Ministerio de Asuntos Exteriores y el Gobierno Holandés, en el Sweelinck Conservatorium de Amsterdam y el Real Conservatorio de La Haya, donde estudió clave (Jacques Ogg y Menno van Delft), órgano (Jacques van Oortmerssen) y fortepiano (Stanley Hoogland). En su formación organística tuvieron especial relevancia las enseñanzas de Montserrat Torrent y, en un ámbito más amplio, los consejos de Gustav Leonhardt, Jesper Christensen, Jan Willen Jansen, Guy Bovet, Jon Laukvik, Christine Whiffen, Andrea Marcon, Patrick Cohen y Lars Ulrik Mortensen. Activa también en el terreno de la gestión y producción, es Máster en Gestión Cultural con Premio Extraordinario por la UOC (Barcelona).

Especialmente comprometida con la música contemporánea, ha estrenado obras de diversos autores españoles y extranjeros (Roberto Sierra, José Mª Sánchez-Verdú, Jesús Torres, Gabriel Erkoreka, Roderik de Man, Evis Sammoutis…), tanto para instrumento solista como para grupo de cámara, y trata de incentivar la creación de nuevas piezas. Su proyecto centrado en la música española para clave en el siglo XX le hizo merecedora de la Beca Leonardo 2017 (Investigadores y Creadores Culturales) de la Fundación BBVA, gracias a la cual ha publicado el CD Herbania y recientemente la primera grabación mundial del Concierto para Clave de Salvador Bacarisse, junto a los de Manuel de Falla y Francis Poulenc.

Es catedrática de Clave del Real Conservatorio Superior de Música de Madrid y Embajadora de la Ciudad de Zaragoza.

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